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Ancianos: Los que lideran el hacer discípulos en la iglesia

Posted on Apr 9, 2013 in Discipulado | 0 comments

Por Jeramie Rinne

¿Eres un anciano en tu iglesia? Entonces deberías ser uno de los discipuladores líderes de la congregación. Sabías que este era un aspecto clave de la labor de un anciano, ¿verdad?

Permíteme volver atrás para asegurarnos de que queda claro. Si tuviera que escoger una imagen que explicara de la mejor manera la labor de un anciano en la iglesia local, la elección sería una imagen sencilla: el Nuevo Testamento retrata a los ancianos como pastores. Tanto Pablo como Pedro urgieron a los ancianos a pastorear sus rebaños (Hch. 20:28-31; 1 P. 5:1-4). El escritor de Hebreos llamó a los creyentes a sujetarse a sus líderes quienes velan por ellos como “quienes han de dar cuenta” (He. 13:17). Pedro dijo que los ancianos sirven como copastores del Príncipe de los pastores (1 P. 5:4). La mayoría de los deberes de un anciano se pueden resumir con la sencilla imagen de un pastor que cuida a sus ovejas (incluyendo enseñar la Palabra, proteger contra la herejía, modelar la piedad, estar pendiente de los creyentes descarriados, supervisar los asuntos de la iglesia y orar por los miembros).

Pero, ¿cuál es el objetivo de pastorear?

Los ancianos pastorean a los miembros de la iglesia para ayudarles a crecer en Cristo. Los ancianos cuidan al rebaño de tal forma que los creyentes se desarrollan desde la infancia espiritual hasta una madura semejanza a Cristo. Los supervisores trabajan con la esperanza de que las ovejas progresen de un cristianismo necesitado, egocéntrico e infantil, para alcanzar una madurez que les permita servir a Jesús y guiar a otros hacia él.

Pablo identificó la madurez cristiana como la razón por la cual Jesús dio líderes a la iglesia, incluyendo pastores (esto es, ancianos):

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:11-13).

Cuando los ancianos cumplen sus obligaciones bien, los creyentes no serán más niños sino que crecerán “en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (vv. 14-15). Los ancianos deberían decir con Pablo, “a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28).

En otras palabras, pastorear tiene como fin hacer discípulos maduros. ¿Qué es hacer discípulos si no es ayudar a las personas a progresar hacia la madurez en Cristo?

Como pastores de la iglesia, los ancianos deberían liderar el camino y marcar la pauta a la hora de hacer discípulos. Todos los creyentes son llamados a la tarea de hacer discípulos, pero los ancianos tienen la responsabilidad general en cuanto al trabajo de discipulado en la congregación.

Cuando los ancianos tomen el objetivo de pastorear con la visión de hacer discípulos y hacer madurar a los discípulos, habrá una transformación en sus ministerios. Considera cómo el objetivo de hacer discípulos maduros puede impactar cinco aspectos comunes del trabajo pastoral de un anciano.

DISCÍPULOS QUE MADURAN A TRAVÉS DE LA ENSEÑANZA

Los ancianos deben ser capaces de enseñar la Biblia (1 Ti. 3:2, 5:17; Tit. 1:9). Los pastores de Dios alimentan al rebaño de Dios con la Palabra de Dios. ¿Y cuál es la finalidad de alimentar al rebaño, sino para fortalecerlo y hacerlo madurar?

Cuando un anciano abre su Biblia para enseñar a cincuenta personas en una reunión de domingo por la tarde, o a doce personas en un estudio bíblico en una casa, o a una persona mientras se toman un café, el anciano no solamente debería centrarse en interpretar bien la Biblia, si bien esto es algo muy importante. También debe levantar la mirada de su Biblia para ver a las personas en sus diferentes fases del discipulado y, entonces, conectar las verdades bíblicas con los corazones, las relaciones, las formas de hablar y las finanzas de los miembros de su congregación. Debería esforzarse para aplicar el texto de maneras que hagan madurar a los seguidores de Cristo.

DISCÍPULOS QUE MADURAN A TRAVÉS DEL CUIDADO PASTORAL

¿Cuál es la finalidad de una visita de un anciano a un hospital? ¿Por qué pasar una tarde con una pareja devastada por la infertilidad? ¿Por qué desayunar con un hombre mayor que recientemente perdió a su mujer de cincuenta años? Ciertamente, el anciano está ahí para animar y confortar a estos dolidos miembros de la iglesia. Pero también debería estar ahí para promover el crecimiento espiritual.

Así que, en lugar de preguntar solamente: “¿Cómo te sientes?” y decir “¿hay algo que la iglesia pueda hacer para ayudar?”, un anciano con mentalidad discipuladora hará —con tacto— preguntas como: “¿qué crees que Dios está haciendo en tu vida a través de esta experiencia tan difícil?” y “¿te ha mostrado algo Dios sobre sí mismo en medio de tu sufrimiento?”. Este anciano no solamente orará por sanidad y consuelo, sino que también por la obra refinadora y santificadora de Dios.

El sufrimiento es tal vez una de las herramientas más afiladas de Dios para esculpirnos a la imagen de Cristo. Los ancianos pueden apoyar el crecimiento espiritual simplemente recordando a los hermanos y a las hermanas que sus sufrimientos tienen un propósito divino.

DISCÍPULOS QUE MADURAN A TRAVÉS DE LA HOSPITALIDAD

Pablo dice dos veces que los ancianos deben ser hospitalarios (1Ti. 3:2, Tit. 1:8). Pero veamos otra vez esta labor de los ancianos a través del concepto de hacer discípulos. Cuando lo hacemos, encontramos que la hospitalidad es más que el hecho de que los ancianos sean amigables. La hospitalidad también tiene que ver con que los ancianos hagan discípulos siendo ejemplos.

La hospitalidad de un anciano permite a otros que le vean de cerca en su entorno natural. Ven cómo se relaciona con su mujer, cómo moldea a sus hijos y cómo practica su fe cristiana en la vida real. La hospitalidad facilita el ministerio de un anciano en cuanto a modelar la madurez (1 P. 5:3). Permite a las personas adentrarse en su vida de tal forma que él les pueda decir: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Fil 3:17).

DISCÍPULOS QUE MADURAN POR VIVIR UNA VIDA JUNTOS

La hospitalidad es solo el principio. Modelar la madurez requiere más que una barbacoa; los ancianos deben abrir sus vidas a otros. De la misma manera que los pastores efectivos deben estar entre el rebaño, igualmente los ancianos efectivos vivirán sus vidas junto con los miembros de la iglesia. Los miembros necesitan ver el comportamiento de los ancianos en una variedad de contextos, incluyendo el trabajo, el tiempo libre, el ministerio, la miseria, el éxito y el contratiempo.

Esto puede sonar desalentador para hombres con vidas frenéticas y agendas ocupadas. Pero pasar tiempo juntos no consiste en añadir más cosas a tu agenda, sino en invitar a otros a compartir las actividades que ya haces. Por tanto, si eres un anciano, incluye a los miembros de tu congregación en tus actividades de golf, pesca, deportes o jardinería. Trabajad juntos. Si enseñas una clase en la iglesia, trae contigo a un profesor asistente para que aprenda contigo.

Los ancianos deberían ser capaces de decir con Pablo: “Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas” (1 Ts. 2:8). Cuando los ancianos comparten sus vidas, los miembros captan destellos de madurez cristiana en alta definición.

DISCÍPULOS QUE MADURAN A TRAVÉS DEL LIDERAZGO

Consideremos un ejemplo más: el liderazgo. Los ancianos lideran una iglesia local, al igual que los pastores guían un rebaño. Por eso son llamados “supervisores” (Hch. 20:28; 1 Ti. 3:1; He. 13:17).

Pero cuando un anciano capta el objetivo de hacer discípulos maduros, ya no ve el liderazgo como simplemente sentarse en una mesa para tomar decisiones. Entiende que el liderazgo incluye levantar más líderes. El pastor centrado en la madurez invita a otros a su vida para compartir enseñanza y responsabilidad (2 Ti. 2:2). Demostrará y delegará. Una visión de discipulado cambia el enfoque del liderazgo de un anciano, quien pasa de políticas y programas a entrenar a futuros pastores.

¿CUÁL ES EL FIN DE HACER DISCÍPULOS MADUROS?

¿Por qué es tan crítico que los ancianos vean el hacer discípulos y la madurez de los discípulos como el objetivo de su pastorado? Porque hacer discípulos no es en realidad el objetivo final.

El objetivo final para los ancianos —y para la iglesia— es gozarse en Dios y exaltar su gloria. Tanto los pastores como las ovejas existen para reflejar la imagen y el carácter de Jesús.

Cuando los ancianos pastorean con el fin de levantar discípulos semejantes a Cristo, están extendiendo el reflejo de la gloria de Jesús en el mundo. Hacer muchos discípulos maduros significa que hay más personas atesorando a Jesús, imitando a Jesús y proclamando la buena noticia acerca de Jesús. Los pastores que hacen discípulos trabajan para traer gloria al mismo Príncipe de los pastores.

Jeramie Rinne es el pastor principal de South Shore Baptist Church en Hingham, Massachusetts.

Abril 2013
© 9Marks

Artículo publicado en: http://es.9marks.org/ancianos-los-que-lideran-el-hacer-discipulos-en-la-iglesia

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Serie de mensajes sobre el discipulado – Andrés Birch

Posted on Dec 9, 2012 in Series destacadas | 0 comments

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Llevando a los asistentes a ser miembros

Posted on Aug 6, 2012 in Membresía | 0 comments

Autor: Thabiti Anyabwile

Traductor: Alejandro Molero

Uno de los desafíos prácticos que nosotros como pastores enfrentamos es la manera de animar a un asistente a la iglesia hacia la membresía activa en la iglesia. ¿Cómo deberíamos ayudar a los individuos a entender la necesidad y la alegría de pertenecer a una asamblea local de creyentes? He aquí seis sugerencias.

SEIS SUGERENCIAS PARA CONVERTIR A LOS ASISTENTES EN MIEMBROS

Aquí tenemos seis sugerencias. Las cuatro primeras tienen por objeto crear un entorno donde la membresía es valorada y entendida. Las dos últimas implican el cuidado de personas concretas que necesitan hacer la transición desde la simple asistencia a la membresía activa.

1. Conoce a los miembros actuales.

Antes de que podamos trasladar de manera efectiva a las personas asistentes a la iglesia a ser miembros de la iglesia, tenemos que conocer a nuestros miembros actuales. De lo contrario, la idea de membresía, sigue siendo amorfa hasta para el pastor que la promueve.

Imagínate invitar a un visitante a cenar contigo y tu familia en la tarde del sábado. El visitante llega, esperando encontrarse con tu esposa e hijos, pero luego le llevas por toda la casa preguntándole a todo el mundo su nombre, sin importar si son visitantes también o si viven allí. La supuesta “presentación” a tu familia demuestra completamente la falsedad de tu derecho a llamarte familia de alguien que tú no conoces.

Del mismo modo, cuando hablamos de pertenecer a una iglesia local, debemos tener en cuenta que pertenecemos a una familia particular de gente real, conocida y amada. Estamos invitando a un asistente a formar parte de esta familia real y viviente. Nuestra invitación tiene rostros y nombres. Si conocemos las caras, nombres y vidas, entonces estaremos en mejores condiciones para presentar al asistente a la familia.

2. Expresa verdadero aprecio por los miembros actuales.

Francamente, yo perdí esta oportunidad cuando me convertí en Pastor de la Primera Iglesia Bautista de Gran Caimán. Llegué lleno de celo y dispuesto a poner el hombro en el arado. Yo esperaba amar y servir a la gente, pero fallé en reconocer suficientemente algo: la gente de la Primera Iglesia Bautista había estado aquí mucho antes de mi llegada. Ya estaban sirviendo al Señor en innumerables maneras. Y ellos no sólo necesitaban el tipo de amor que yo quería dar. Ellos necesitaban el tipo de amor que aflojaba la marcha para apreciar el servicio que ellos estaban prestando, el tipo de amor que expresa una acción de gracias genuina por la gracia de Dios que ya había en ellos.

En cambio, la congregación a menudo me oía ofrecer sugerencias para mejoras e ideas para nuevos proyectos. Esto comunicó insatisfacción y falta de aprecio. Herí a algunas personas y le quité las ganas a otras. Algunos me mostraron muchísima misericordia, suponiendo que yo tenía buenas intenciones. Y lo hice. Pero la mejor manera de expresar esas buenas intenciones pudiera haber sido expresar mi gratitud y mi aprecio por todo lo positivo que había visto.

Ojalá hubiera pasado los primeros dos a cuatro años de mi ministerio animando específica, genuina y repetidamente, dando gracias, y apreciando las muchas personas maravillosas y actos de servicio de la iglesia. Tenemos maestros de Escuela Dominical que han servido veinte años consecutivos, personas que han asistido en silencio a las madres solteras pobres, líderes que han resistido tormentas difíciles a lo largo de años de liderazgo, supervivientes de cáncer que han luchado contra la enfermedad con fe verdadera, esposas y esposos que han permanecido fieles a cónyuges no creyentes y, a veces desagradables, miembros que han ofrendado con alegría y sacrificio, y muchos otros que han modelado sus vidas como la de Cristo.

Si yo hubiera tenido el cuidado de conocer a la congregación y de observar su fe en acción, habría tenido años dignos de ilustraciones de sermones, oportunidades de escribir notas de aliento, y oportunidades para alabar a Dios por Su obra. Y si hubiera usado esas ilustraciones, escrito esas notas, y dado esa alabanza pública y personal, habría tenido un tono lleno de ánimo ánimo, gracia, y agradecimiento. Esto habría edificado a los miembros actuales y hubiera hecho atractiva la membresía para el asistente. La gente quiere pertenecer a grupos que animan y edifican. Las iglesias y los pastores deben ser los mejores haciendo eso.

3. Pinta una visión bíblica de la vida cristiana saludable.

Una cosa que podemos suponer acerca del cristiano que asiste regularmente a la iglesia pero no se une a la iglesia, es que su punto de vista de la vida cristiana es defectuoso en alguna parte.

¿Podemos suponer esto? Podemos, porque las Escrituras dicen que la iglesia local es el plan de Dios para nuestro discipulado y madurez espiritual (Efesios 4:11-16; Mt 28:18-20). Como seres sociales, necesitamos comunidad. Dios provee esto en la iglesia local, donde nos alegramos con los que se alegran, y lloramos con los que lloran, y mostramos la misma preocupación por los demás (1 Cor. 12:12-27).

Por razones que requerirán investigación pastoral, el asistente a la iglesia no ha abrazado totalmente la visión de la vida cristiana centrada en la iglesia. Nuestra tarea como pastores es predicar y enseñar de una manera que transmitamos una visión bíblica de la iglesia local, haciendo a la iglesia local bella y deseable para el pueblo de Dios.

Tenemos que ayudar a los asistentes y a los que ya son miembros a entender lo que significa estar en la iglesia y por qué estar fuera de la iglesia no es saludable. Si no lo hacemos, los dejamos con sus ideas incompletas acerca de la iglesia. Peor aún, podemos dejarles pensar que el único beneficio de la membresía es la disciplina y su desagrado.

Podríamos responder a esta necesidad con la predicación de una serie temática sobre la iglesia o la comunión espiritual. O, podríamos dar un paseo a través de cartas como Efesios o 1 Timoteo, donde la Biblia presenta imágenes convincentes de la vida eclesial. O, en el curso de la exposición de otros libros de la Biblia, podemos hacer aplicaciones a la membresía siempre que sea legítima, para que los miembros y asistentes vean el hilo de pertenencia y comunidad a través de la Biblia. En todo esto, debemos mostrar una visión alta y atractiva de la iglesia local en toda su gloria y desorden.

4. Refuerza las fronteras de la iglesia.

Una consecuencia de enseñar a la gente los dentros y fueras de la membresía es el fortalecimiento de las fronteras entre la Iglesia y el mundo mediante la restricción de ciertas actividades sólo para los miembros.

A lo largo de las Escrituras, la comunidad del pacto de Dios se separa del mundo. Y Él les da ciertas actividades como la circuncisión o la Pascua, que junto con sus otros fines, les distingue del resto del mundo. Las fronteras entre Israel y el mundo tenían que ser marcadas profundamente, y pertenecer a la comunidad del pacto adquirió forma y significado definido. Era una cosa terrible estar alejados de la ciudadanía de Israel y ser ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Efesios 2:12).

Incluso las organizaciones seculares y las empresas tienen normas para los que están dentro y los que están afuera. En Diciembre, uno de mis ancianos asistió a una fiesta de Navidad en un restaurante. Se dio cuenta de una mesa de clientes con bebidas. De vez en cuando, uno de los clientes pasaba una taza por la ventana del restaurante a otro hombre que estaba afuera. Más tarde se enteró de que al hombre de afuera no se le permitió entrar en el restaurante debido a su conducta rebelde en el pasado. Mi compañero anciano se rió a carcajadas, reconociendo que incluso las personas mundanas tienen estándares de pertenencia y de reserva de ciertos beneficios para los que están dentro.

De la misma manera, para que los asistentes sientan la importancia de la membresía, y para que aquellos fuera de la fe también puedan ver que están separados de Cristo, las fronteras entre la Iglesia y el mundo necesitan ser fortalecidas. Con este fin, los pastores y congregaciones deben identificar las actividades y oportunidades que están restringidas a los miembros solamente. ¿Puede uno que no sea miembro de la iglesia enseñar en la escuela dominical? ¿Puede unirse al coro? ¿Puede unirse a grupos pequeños o salir de viaje con los equipos misioneros? ¿Va a invitar a los cristianos profesantes que no son miembros de ninguna iglesia local para participar en la Cena del Señor? Decidir cuáles privilegios y responsabilidades pertenecen solamente a los miembros de la iglesia ayuda a demostrar por qué estar dentro importa y lo que la gente perderá por quedarse fuera de la membresía de la iglesia.

5. Haz el trabajo personal de responder a las objeciones y anima a la gente a unirse.

Después de trabajar durante un par de años para crear un ambiente donde la membresía es valorada y significativa, podemos hacer el trabajo personal mucho más eficaz con nuestros asistentes. De hecho, esperamos que, después de haber levantado el aprecio de la iglesia local, la congregación hará la mayor parte del trabajo personal. Este trabajo personal implica por lo menos dos cosas:

  1. El desarrollo de una forma de identificar y conocer a los asistentes.
  2. El responder a la objeciones de los visitantes para unirse a la iglesia.

Cuando trabajaba en la promoción de políticas, utilizábamos una herramienta simple llamada gráfico de movimiento. Ese gráfico era una hoja de cálculo de Excel en la que figuraban responsables de las políticas clave en una columna a la izquierda y su posición actual sobre un tema de política en la parte superior. En una planilla sencilla, etiquetábamos sus posiciones como “fuerte oposición,” “Neutro” y “Apoyo Fuerte”. Y mientras trabajamos con los políticos, nos dábamos cuenta de su movimiento a lo largo de la campaña.

Sin importar si los pastores crean un gráfico de movimiento en papel o en sus cabezas, ellos necesitan una manera de identificar si los asistentes están fuertemente opuestos, nunca piensan en ello, o planean unirse a la iglesia la próxima semana. Seguramente la predicación y la comunidad van a hacer el trabajo personal en muchos casos, especialmente entre los asistentes que ya están motivados a unirse. Pero entre los asistentes con preguntas y dudas, es necesaria más dedicación.

Aquí es donde el mandato de mostrar hospitalidad (Romanos 12:13; 1 Pedro 4:9) obtiene dividendos en ayudar a la gente a comprometerse. Los hogares abiertos tienden a producir corazones abiertos, ¡o al menos bocas abiertas! Podemos pasar de conversaciones que son consecuencia de los cultos de la iglesia a discusiones más intencionales durante las comidas. Si somos pacientes y reflexivos en esas conversaciones, es posible que pastoreemos a los asistentes desde dolores, decepciones, dudas y temores hacia el compromiso a pertenecer. El objetivo no es ganar un argumento para la membresía, sino amar en la práctica a la persona de palabra y hecho hasta que el Señor le conceda luz y amor.

6. Anima a los asistentes a establecerse en otra iglesia si no le gusta la tuya.

Por último, debemos recordar que el Señor tiene otros pastores y congregaciones fieles. Debemos alegrarnos de este hecho. No estamos en competencia con las iglesias, sino que somos partícipes con ellos en el evangelio.

De vez en cuando podemos encontrar un asistente cuyas objeciones para unirse a nuestra iglesia parecen insuperables. Tal vez no está de acuerdo con nosotros sobre alguna doctrina o práctica importante. O tal vez vive más cerca de otra congregación fiel y puede participar más activamente allí. En esos casos, ayudar a la gente a dejar de ser un mero asistente para llegar a ser un miembro activo podría implicar ayudarles a unirse a una iglesia local que no sea la nuestra.

Esto puede ser triste para algunas personas, especialmente para aquellas que han desarrollado un apego a la iglesia pero nunca se han unido. Estas situaciones requieren paciencia y empatía pastoral. Pero lo hacemos por el bien del asistente, deseando lo que sabemos que Dios exige de él o de ella, es decir, que sean miembros activos, lo cual es muchísimo mejor. Estamos tratando de promover el evangelio, no nuestras propias iglesias. Estamos tratando de aumentar los cristianos, no nuestra lista de miembros. A veces eso significa ayudar a que la gente se una en otros lugares, mientras seguimos apacentando la grey de Dios que ha puesto bajo nuestro cuidado (1 Ped. 5:1-4).

CONCLUSIÓN

Es tentador para los pastores sentir molestias causadas por los creyentes que asisten pero que parece que nunca van a unirse a la iglesia. Podemos frustrarnos cuando las cosas que parecen básicas para nosotros son olvidadas por otros. Tenemos que cuidar nuestros corazones de la impaciencia y la justicia propia. Mientras que damos la mayor parte de nuestro tiempo a nuestros miembros ya que somos responsables ante ellos en primera instancia, los asistentes a la iglesia también necesitan nuestro ministerio. Pasar a la gente desde la asistencia a la membresía es una oportunidad para el amor. En un sentido real, esto es el ministerio.


Thabiti Anyabwile es el pastor principal de la Primera Iglesia Bautista de Gran Caimán, Islas Caimán y el autor de ¿Cómo es un miembro provechoso de la iglesia? (Crossway).

Artículo de 9Marks:

http://es.9marks.org/journal/llevando-los-asistentes-ser-miembros

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