El evangelio es sencillamente una noticia
El evangelio es sencillamente una noticia, una buena – muy buena (la mejor) – noticia. Esta afirmación, por básica que parezca, apunta a una de las necesidades más grandes de la iglesia: Entender que el evangelio es una noticia y no otra cosa. Es urgente que los cristianos entendamos lo siguiente: El evangelio es una noticia.
El primer párrafo de este artículo es intencionadamente redundante dada la enorme y urgente necesidad que todos tenemos de entender qué es el evangelio. Cuando el evangelio es comprendido como algo diferente a una noticia estamos ante un gran drama que se debe evitar a toda costa por sus graves consecuencias.
¿Por qué es tan vital que el evangelio sea entendido como una noticia? Consideremos 5 razones:
(1) Porque es lo que la propia palabra significa.
La palabra “evangelio” proviene del término original griego “euanghélion”, que significa “buena nueva” (buena noticia). Desde un punto de vista etimológico el evangelio es considerado una noticia. Aunque no siempre es el caso, la etimología de la palabra “evangelio” nos habla con acierto de lo que el evangelio realmente es.
(2) Porque es un hecho histórico único y profetizado.
El evangelio, al ser una noticia, describe algo que ha sucedido, un hecho único que ha tenido lugar en la historia. Este hecho es que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino al mundo para morir en la cruz y de esta forma recibir la ira de Dios el Padre que los pecadores merecíamos por haber ofendido a un Dios santo y justo. Si nos arrepentimos de nuestros pecados ante Dios y creemos de corazón en esta obra de sustitución perfecta de Jesús, seremos salvos.
Al tratarse de un hecho histórico el evangelio debería ser abordado como un suceso objetivo que ha ocurrido de una manera determinada. Según la Biblia el hecho histórico del evangelio es declarado por Pablo de la siguiente manera:
“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;” (1 Corintios 15:1-3).
En este texto Pablo declara el evangelio a los cristianos de Corinto (“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado”). Este evangelio es un hecho histórico (“Que Cristo murió por nuestros pecados”) que no puede ser relativizado pues ocurrió “conforme a las Escrituras.”
Además Pablo, en Gálatas 1:6-7, remarca que el evangelio es único descartando la posibilidad de que hayan dos o más “evangelios”. En este sentido Pablo se muestra cerrado, exclusivo e intolerante pues se trata de un asunto de suprema importancia:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.”
Por tanto debemos concluir, si queremos ser fieles a la Biblia, que el evangelio es un hecho histórico único que no permite dos interpretaciones.
Es crucial comprender que el evangelio, como tal, no es (ni puede ser) un buen consejo moral, ni una buena acción solidaria, ni un estilo de vida, ni una descripción de lo que Dios ha hecho en nuestra vida, ni siquiera un intento de defender ciertas verdades de la Biblia. Todas estas cosas son buenas y necesarias y están, de una forma u otra, vinculadas al evangelio. No obstante, ninguna de estas cosas son, en sí mismas, el evangelio. El evangelio es un hecho histórico concreto que tuvo lugar de acuerdo a la especificación de las Escrituras. Reconozcámoslo, ninguna de las buenas cosas de la lista recién citada reúnen estas características. Pocas cosas son tan importantes como no confundir el evangelio con otras cosas que no son el evangelio. Estas cosas, por muy buenas y necesarias que sean, jamás serán mejores y más necesarias que la buena noticia.
(3) Porque es un hecho histórico único que debe ser anunciado.
Por ser una noticia, el evangelio debe ser anunciado. Por definición las noticias son anunciadas (pregonadas) y esto es precisamente lo que los cristianos de la Biblia hacen con el evangelio, como es el caso de Pablo con los hermanos de Roma:
“Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.” (Romanos 1:15)
Las noticias, en sí mismas, estrictamente hablando, solamente pueden ser anunciadas y nada más. ¿Qué significa esto? Las noticias pueden ser objeto de diálogo, de opinión, de interpretación y de otras cosas. Podemos hablar sobre algo que ha ocurrido, podemos opinar sobre algo que ha sucedido o podemos interpretar las intenciones subyacentes de lo que ha pasado. Sin embargo, lo que hagamos con una noticia (dialogar, opinar, interpretar) no es la noticia en sí (lo que objetivamente ha ocurrido – aquello que es anunciado). Ni el diálogo, ni la opinión ni la interpretación son la noticia propiamente dicha. La noticia es el objeto y dialogar, opinar e interpretar son cosas que hacemos con el objeto. Es por este motivo que en la Biblia el evangelio es, por encima de todas las cosas, anunciado:
“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;” (Mateo 11:5)
¿Cuál es la lección para nosotros? Hagamos simplemente lo mismo que las personas de la Biblia hicieron con el evangelio, esto es, anunciarlo.
(4) Porque es un hecho histórico único que debemos anunciar para que la gente se salve.
Dios ha decidido salvar a las personas mediante el anuncio del evangelio y esto Pablo lo sabía bien y no se avergonzaba de ello:
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” (Romanos 1:16)
“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.” (1 Corintios 1:21)
Si no hay predicación (proclamación) de la buena noticia no hay salvación, por muy buenas intenciones que tengamos o por muy buen ejemplo de vida que demos. Las mejores intenciones y el mejor ejemplo de vida, al fin y al cabo, carecen en sí mismos de poder para salvar a nadie puesto que Dios ha decidido vincular tal poder exclusivamente a la predicación del evangelio.
Dicho esto la Biblia nos anima a adornar y respaldar nuestra proclamación con nuestras obras, pero la Biblia no cambia el orden de las cosas. La predicación es más importante que el ejemplo de vida. Muchas personas se han convertido por escuchar a alguien sin ni siquiera saber nada sobre la forma de vivir del que les habló. No obstante, bíblicamente es imposible que nadie se convierta observando un buen ejemplo de vida solamente, pues la salvación únicamente ocurre cuando el evangelio es predicado, oído y creído. El nuevo nacimiento espiritual, provocado soberanamente por el Espíritu Santo, tiene lugar en el contexto de la predicación del evangelio, no en el contexto de las buenas acciones.
Debemos recordar que, según Romanos 10:17, la salvación es mediante la fe pero la fe solamente es por el oír:
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17)
¿Oír qué? La buena noticia. Es vital que comprendamos la íntima relación que existe entre el evangelio, el anunciar, el oír, el creer y el ser salvo. La fe que salva viene por el oír la buena noticia que es anunciada. Es necesario que anunciemos el evangelio para que la gente oiga y la fe nazca en sus corazones y, como resultado, haya salvación. La Biblia concluye que las personas no creerán en Cristo (no se salvarán) a menos que oigan acerca de Él:
“¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?”
De la misma manera la Biblia confirma que no es posible que las personas oigan si nadie les anuncia la buena noticia:
“¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14).
El evangelio es sencillamente una noticia, una buena – muy buena (la mejor) – noticia. Basta con que la anunciemos para que haya salvación. No queramos “mejorar” el evangelio. Si el Señor ha decretado este sistema para salvar a los suyos, seguro que Él sabe lo que hace.
Patricio Ledesma – patricio.ledesma@gmail.com
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