El deporte ya no es lo que era. Sin querer caer en una especie de nostalgia selectiva, romanticista y alejada de la realidad, el deporte de hoy, sea el rey de todos los deportes: el fútbol, o el abecé del atletismo (cuya versión olímpica está en este momento haciéndonos su cuatrienal visita), el baloncesto y el ciclismo, padece del triple mal del dinero, la droga y el politiqueo. |
¿Quién puede negar que a lo largo del último medio siglo el dinero ha ido estropeando la mayor parte del deporte más visible? Unos pocos clubes de fútbol inmensamente ricos compran a la mayoría de los mejores jugadores del mundo, forman sus selecciones internacionales (que, por cierto, podrían machacar casi sin esfuerzo a casi cualquier selección meramente nacional) y dominan cada vez más las mejores ligas europeas y del mundo. Solo un ejemplo entre muchos. Cuanto mayor el papel del dinero, menor la deportividad del deporte. |
El mal del dinero da a luz el de la droga. Es cierto que este no tiene por qué nacer de aquel – puede ser por motivos "puramente" personales: querer ser el número uno, como sea, etc. – sin embargo, quita el dinero de la ecuación y verás cómo vuelve a bajar el índice del dopaje. ¡Uno se pregunta si viviremos para contemplar un día no muy lejano el penoso espectáculo de dos (¡o más!) listas rivales de "ganadores" del Tour de Francia (algo así como lo que se ha dado en el boxeo)! |
Y el politiqueo. Si da asco en la política propiamente dicha, ¡cuánto más en el deporte! Parece que cada deporte (¡y cada club!) tiene sus propios "partidos", grupos de "conspiradores", contando votos, siempre dispuestos a aprovechar tanto el soborno como el chantaje, presionando y sudando en su nada deportivo intento de hacerse con el poder, la mayor tajada y un futuro personal y familiar asegurado. ¡Que por lo menos dejen el hipócrita discurso de que actúan "por los mejores intereses del club o del deporte"! |
En el fondo, dicen, el ser humano es muy bueno. Pues, gracias a Dios (¡y nunca mejor dicho!), ¡el ser humano es mucho menos malo de lo que podría ser! Pero pon delante de él un cheque en blanco, un truco "infalible" para engañarles y ganar o un atajo al poder, ¡y verás lo bueno que es! "Todo el mundo tiene su precio," dicen – bueno, quizás no todo el mundo, pero a la hora de la verdad ¿cuántos de nosotros seríamos capaces, por una simple cuestión de integridad, de rechazar una oferta "irresistible"? Solo tienes que mirar hacia el otro lado y te recompensan solucionándote la vida. |
Si queremos un mundo del deporte saneado y un mundo mejor, el único remedio viable es un radical cambio en el ser humano mismo. ¿Y ese cambio, de dónde va a venir? Los cirujanos plásticos te pueden mejorar la fachada corporal, y los de corazón abierto pueden hacer el "casi-milagro" de cambiar un corazón por otro mejor, pero esto solo en el sentido físico, no en el espiritual, que es lo que haría falta. Solo Dios, el Señor, tiene la especialidad de darnos un corazón (moral y espiritual) nuevo, y esa es la esperanza para el deporte, para el mundo y para ti. |
Andrés Birch |
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